Hemos centrado la vida en el camino,
justamente, porque al final de él
no hay nada.
Así que se lo construimos:
"el fin último es trascender"
que no es más que otro cómo,
disfrazado de para qué.
Trascender es vivir la época que no nos pertenece,
condicionar nuestro tiempo por el tiempo de los demás,
demás a los que quizá - quizá no, seguro -
no les importaremos.
Pero cómo desobedecer la soberana soberbia,
de la que hasta hemos hecho fin último,
jamás nos daría igual ser nada más,
que nada menos.