¿Acaso retener al suicida no es matarlo?
Es demasiado cruel cerrar las puertas
de quien ha encontrado al fin una salida,
es el acto egoísta de obligar a perecer,
esperando al fin del mundo si fuera necesario,
a quien ha decidido que sabe dónde no quiere estar,
y que sin maleta ni equipaje que le pese
se marcha de viaje de fin de curso, de fin de estudios, de fin de trabajo, de fin de casado, de fin de cansado, de fin de harto, de fin de paciente, de fin de vivo,
de fin de todo lo finito en general.
¿Quién eres tú para asegurarle que al final del viaje
no estará su padre, o su perra Tula, o sus momentos felices,
que la mejor idea es aguantar y esperar que nada cambie?
-Porque nada cambia para ellos-
Sigue siendo la misma porquería de día
en el que decidieron quitarse la vida
uno y otro y todos los días,
hasta que lo hacen,
o se mueren de otra cosa menos agradable.
No para todos el cielo está allí arriba,
ni el infierno abajo,
el cielo puede estar en las vías de asfalto,
en la cornisa de un edificio de cincuenta plantas,
en la recámara de un calibre 34,
y el infierno por todos lados,
pidiéndole que no se vaya,
diciéndole que no puede marchar.
Tú eliges si saltas o no saltas,
lo único que debes hacer
es dejar paso a los demás.