lunes, 24 de noviembre de 2014

Amiga

Sola, como siempre,
entre la lluvia de gente con prisa,
mirando al suelo, como a ti te gusta,
frente a los raíles del metro.

Más de una vez has pensado en dejarte caer,
que te revienten el cuerpo cincuenta toneladas de acero,
qué más dará,
o empujar a cualquiera de ellos
y ver hasta dónde salpica la sangre.

Quizá en otro momento.

Ahora tienes miedo
de las miradas introspectivas,
de las bocas tapadas con la mano,
de los pasos acelerados,
del mundo y su regla de la quema de brujas.

No tienes que explicar nada,
suficiente he leído a William Boyd y sus novelas policiales,
juzgar dejémoselo a Dios,
yo te ayudo a esconder bien el cadáver.