Voy tan pasado de vueltas
que igual que te beso,
te recorro y te derivo
buscando tus extremos relativos
para integrarme, finalmente, entre tus piernas,
descomponiéndote de golpe o por partes,
como prefieras,
que voy tan pasado de vueltas
que igual te parto (por cero)
y te mando al infinito
o más lejos.
Como buen analista pasado de vueltas
quiero calcularte todos los límites,
extenderte de forma continua sobre la cama
y hacerte matemáticas hasta que duela.