Me encantan vuestras caras de idiotas
delante de una cámara
que vosotros mismos sostenéis,
adoro vuestra sonrisa
de dientes blancos
como droga aún sin esnifar,
y de vuestros ojos
grandes y redondos
me gusta, sobre todo,
imaginarlos reventar entre mis muelas
si pudiera arrancároslos
y conservarlos purulentos
en el bolsillo de la chaqueta.
Soy adicto a la basura que vomitáis
cuando decís sentiros solos
porque existe algo que no podéis poseer,
alguien a quien no domináis
o simplemente,
algo que no tenéis cojones de decir.
Amo ver lo largas que son las colas
que formáis con la boca abierta
para tragar las mentiras
de un publicista de teléfonos,
y cómo os mutiláis los unos a los otros
para conseguir ese cacharro
que os hará estar más conectados
mientras os vais masturbando
de nuevo solos
por las habitaciones vacías.
Me deleito con el dolor que creéis sentir
cuando os abandonan
quienes os folláis
o quienes os follan.
Vuestros amigos,
vuestras familias,
vuestras jaulas,
vuestros dioses,
vuestras drogas,
vuestros cuerpos.
Vosotros sois el tejido neuronal
de un mundo enfermo
Nosotros, la oncogénesis de vuestros miedos.