domingo, 13 de diciembre de 2015

Ser fuerte

Sé de sobra que te has enterado de todo. Puede que no entendieras muy bien qué era ese bulto que crecía en tu pata, ni por qué tantas visitas al veterinario, pero sí que notabas que algo había cambiado.

Mi rostro quebrado se traducía en preocupación en tu mirada y mi decaimiento consumía tu energía. Si no dormía yo, no descansábamos ninguno, creo que hasta dejaste de caminar porque mis pasos se volvieron erráticos y confusos.

Ahora que "ha pasado todo" no puedo creer que las mismas pastillas que al principio no servían para nada son las que han hecho que te levantes y vuelvas a correr como si nada. Te contagié mi enfermedad, y ahora que estoy curado nos hemos curado los dos. Te agradezco profundamente esta lección, Cora.