Abrázame tan fuerte
se claven como cristales rotos en mis entrañas
y me desangre.
Tan fuerte,
que quiebren todas las noches
y los silencios de plomo que arrastran
a la par que mis huesos.
Que no quede espacio para el aire
y me asfixie,
mientras contemplo desdibujarse
cada una de las lindes de mi cuerpo,
colapsando
en un solo punto de infinita oscuridad.
Tan fuerte,
que la posterior deflagración
ponga fin a la inhóspita primavera,
trayendo de vuelta
un acogedor invierno nuclear.