sed el perro, sed el pájaro,
que os pongan comida en un plato,
que os creáis libres dentro de la jaula,
que no falten manos para rascaros detrás de las orejas,
y detrás de las pelotas -si es que hiciera falta-.
Sed lo que otros quieren que seáis,
no disgustéis a nadie,
drogaos de atención,
llenad el vacío de palabras y de aire,
sed,
al final,
nadie.
Sed un desperdicio, sed un sobrante,
sed las moribundas sombras de un coloso
en Rhodas que se desploma ante el paso del tiempo
y de las olas.
Sed el hombre moderno: sed un cadáver
que ya las hienas,
tenemos hambre.