lunes, 9 de junio de 2014

Cuatro estaciones atrás

Atrás quedaron la Primavera y sus frutos podridos,
las flores marchitas, la lluvia ácida y los bosques quemados.
La tierra emana veneno por las grietas
el día de equinocio de un sol ya no dorado
sino negro.

Atrás quedó callado el Verano sin el ruido de los insectos
y sin las voces de animales hoy muertos,
esqueletos enterrados bajo arenas sin arraigo,
arbustos enfermos del desierto de la vida
y destellos olvidados.

Atrás quedan el Otoño y la tormenta,
la finitud, el crepúsculo,
la belleza se arremolina en torbellinos de hojas secas
levantando las cenizas de una musa calavera que sostiene una guadaña.

París, mes de Noviembre, la ciudad fantasma.

Atrás queda el Invierno
como quedó la juventud congelada en el pasado,
como quedó la luz atrapada entre la ventista,
como se aleja de la orilla una barca sin remos,
arrastrada hacia la inmensidad de un océano contaminado.
(conmigo dentro)