De tormenta tus ojos como el refulgir del rayo
tus manos y el fuego que
abrasa los árboles empapados de la tempestad.
De tormenta tus besos,
como la muerte escondida entre las leves nubes.
De tormenta tu cuerpo gritando al cielo en soledad
entre pasos de tormenta a través de la lluvia acelerada
como quien cree encontrar la calma en el ojo del huracán
y pierde la vida tragado por la marea.
Atormentado el corazón que guardas entre barcos naufragados
y almas perdidas en la grandiosidad del océano,
tesoro de piratas y de serpientes gigantes;
botín de tormenta por el que morir ahogado.